ASIER GALLASTEGI (EXMONITOR).- ¿Cómo sería un 2017 sin esta necesidad de protegernos? Uno en el que pudiéramos hacer como si volviéramos a creer. Disolver las formas de lo que nos amenaza. Un año donde desaprender las estrategias de plastificación emocional.

EL futuro que nos interesa dibujar se parece a situaciones que ya vivimos. Esta era la manera natural antes de las heridas. Se parece a como rematábamos de cabeza antes de aquel balonazo, a la temeridad de coser sin dedal antes de clavarnos aquella aguja, la cara de satisfacción cogiendo velocidad en la bicicleta antes de aquella caída,… Le llamamos inocencia y parece que no tiene sentido hoy. ¿Y si le llamamos precinísmo?

Son momentos clave. Se abren caminos para hacer diferente. Son muchas pequeñas experiencias, significativas, accesibles… Lo nuevo, aunque sea numeroso y conectado, sigue siendo frágil. Nuestra forma de mirar cambia lo que ocurre. No podemos jugar al cinismo. Es momento de creer. De girar nuestra mirada a la grieta de lo que va cogiendo forma, de lo que cristaliza. Acercarnos y aportar. Escuchar el potencial y hacer palanca.

Dejar de pelear. Dejar de escuchar los reclamos de la acidez, la protección y la desconfianza. Dejar de invertir nuestra limitada energía en las batallas perdidas. Desaprender todas las estrategias de defensa, bajar los brazos, ralentizar la acción, silenciar las respuestas rápidas, suspender, levantar la bandera de la candidez militante. Recuperar la inocencia entrenada.

Creer. Recuperar algunas certezas en tiempos de cambio. Explorar, recuperar la curiosidad, las preguntas..

Esto nos deseo para 2017: Tiempo de precinísmo.

Vía: korapilatzen.com 

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