Eskubeltz vuelve a imponer pañoletas y a celebrar finales de proceso

Gazteleraz >>

Este año Eskubeltz ha recuperado las sonrisas y la alegría en verano. Han vuelto los campamentos, y con ellos los pasos de rama, las aventuras, las noches estrelladas y también las pañoletas. El pasado verano, debido a la Covid-19, Eskubeltz no pudo celebrar un Guraso Eguna con el que poner fin a las colonias urbanas, y por tanto no se pudieron entregar las pañoletas. Este año, sin embargo, todo ha sido muy diferente.

Después de que cada rama disfrutara de su campamento de cinco días, el 1 de agosto se celebró el Guraso Eguna en la iglesia de San Nikolas, y con él volvieron las pañoletas. Este año todos los koskorrak (ahora ya kaskondoak) recibieron la pañoleta con gran ansia. Aunque no fueron los únicos. Algún que otro kaskondoak y azkarrak también recibió la pañoleta. Incluso Zuriñe, monitora que se incorporó al grupo hace casi dos años en las últimas convivencias de diciembre, la recibió también.

Además de todos ellos, y después de una temporada con mucho compromiso en el grupo, hubo diferentes Gurasoak a los que les fue impuesta la pañoleta. Mikel, Fer e Iñigo celebraron el pasado 1 de agosto junto al resto del grupo este momento, formalizando sus compromisos y hablando de Eskubeltz como algo más que un simple grupo de tiempo libre para ellos. Y es que es gracias a su compromiso y el del resto del comité de Gurasoak que muchas de las actividades del grupo salen adelante.

Manu, Asabak, le impone la pañoleta a Iñigo, Gurasoak.

Cada año, por lo general, siempre se impone alguna que otra pañoleta, lo que muchas veces indica que el tiempo avanza y que el grupo continúa creciendo. Sin embargo, mientras cada dos años hay una rama que comienza en el grupo, hay otra que termina su proceso. Después de diez años de proceso, los trebeak le pusieron fin en el campamento. El pasado curso trabajaron, entre otros, su PPVC (Proyecto Personal de Vida Cristiana), en el que cada chaval analizó los distintos ámbitos de su vida. Además, llevaron a cabo voluntariados y terminaron el curso con un buen volante. Así, esta rama puso fin a su etapa como chavalería y comenzó una nueva de la que aún tiene mucho por descubrir.

Terminar el proceso fue muy agridulce. Por un lado fue un momento muy feliz para mí pero por otro lado también algo triste. Daba pena acabar el proceso y saber que a pesar de estar muy unida a mi rama, todo eso iba a desaparecer de alguna forma. Sin embargo, estoy muy orgullosa de mi proceso y tengo ganas de ver qué es lo que me espera ahora”.

Nahikari.

Nahikari junto a Adrián en su promesa de Trebeak.

Partekatu!