GUILLERMO SABAS.- En septiembre, los Azkarrak comenzábamos el curso llenos de ilusión y ganas de trabajar, pero nunca pensamos que tantísimo trabajo nos llevaría a semejante experiencia.

Poco antes de las Navidades, nos pusimos manos a la obra. Tocaba idear planes para recaudar dinero: sorteos, venta de pintxos en la iglesia, cenas… A pesar de todos los planes que teníamos, el tiempo corría y no a nuestro favor. Queríamos hacer muchas cosas en verano y para eso hacía falta dinero. Había que pagar vuelos, las primeras cuotas del “Jamscout”, etc. Pero, poco a poco, con gotas de sudor en la frente, lo sacamos adelante.

Los Azkarrak en Florencia.

El pasado lunes 26 de junio, a las diez de la noche, embarcábamos el vuelo que nos llevaría a Italia. Pasamos una noche en vela en el aeropuerto de Barcelona, pero divirtiéndonos a nuestra manera. Al día siguiente, llegamos al destino tan esperado: Florencia. Dedicamos ese primer día casi por completo a visitar la maravillosa ciudad. En apenas tres horas, nos habíamos pateado prácticamente media. A la tarde, tras una pequeña siesta en la estación, cogimos el tren que nos llevó a Incisa, donde compramos comida y empezamos a andar hacia Loppiano, nuestro destino final.

Los Azkarrak en Florencia.

Aquel pueblo no se parecía nada a los que nos esperábamos. Tenía una extensión enorme, pero tenía poquísimas casas, por lo que hubo que andar bastante entre una y otra… Aquella primera tarde nos dejaron descansar. Pero al día siguiente, había que madrugar, porque nos iban a presentar el pueblo. Lo primero que nos enseñaron fue la iglesia, y como no, la historia del movimiento cristiano “Focolar”, que tan sólo tenía 50 años. Nos enseñaron un mapa y en aquel momento descubrimos que todo lo que allí pudieras encontrar estaba dividido por géneros, cosa que no nos hizo mucha gracia. Al siguiente día, visitamos el “Polo” de la ciudad, lugar en el que se encontraban todas las empresas, y donde se manejaba un modelo económico llamado Economía de Comunión, que era muy distinto al modelo que todos conocíamos. Esa misma tarde comenzamos a trabajar, porque fuimos allí entre otras cosas para conocer su estilo de vida, y una de las cosas que hacían era trabajar por el bien privado y común. En el entretanto íbamos conociendo a muchos jóvenes, que vivían o estudiaban allí. Todos ellos nos acogieron de la mejor manera posible, nos contaban sus experiencias y todo lo que habían hecho.

Allí había una pequeña universidad, centrada en dar formación de postgrado (másteres) en relación a temas como psicología, economía y demás. La noche del viernes nos invitaron al concierto de un grupo llamado Gen Verde, en el que disfrutamos mogollón. Era tanta la emoción que salimos a bailar al escenario como quien va a la discoteca, sin sabernos el baile. La cosa es que, el resto de gente que salió, era de la academia de baile, y sí se lo sabía. También visitamos una pequeña fábrica que tenían, en la que hacían vino y aceite de una manera más ecológica, sin pesticidas, y con muchos menos conservantes.

Los Azkarrak en Florencia.

Los siguientes días nos los dedicamos a nosotros, con actividades de interioridad que nos prepararon los monis. Y como no, el último día allí, volvimos a Florencia a disfrutar un último instante de la ciudad, subir a la cúpula y al “campanille” del famoso “Duomo”, y a tomarnos un helado bien grande y rico.

Esa noche, antes de volver, descansamos algo en un cámping y a las cinco y media de la mañana ya nos dirigíamos a la estación para coger el autobús hacia el aeropuerto. Durante esa larga caminata, tuvimos la suerte que no muchos pueden decir que hayan tenido. Disfrutamos de Florencia por una última vez, pero esta vez lo hicimos solos, sin nadie a nuestro alrededor molestando. Vivimos el amanecer de Florencia con monumentos como El Duomo o la torre del ayuntamiento totalmente vacíos, y la verdad, es que viéndolos solo, uno los disfruta muchísimo más.

Así que, aquel miércoles 5 de julio, volvimos a Bilbao con pena por irnos de Italia, pero con una mente limpia y saciada de momentazos como los que vivimos allí y por la genial experiencia que tuvimos. Ahora lo que falta es prepararse para el campamento, y para otra aventura que nos espera: el Jamscout.

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