FRAN PÉREZ.- Cuando decimos en nuestros grupos que un campamento de verano es el “boom” de todo lo vivido en ese año, cuando ponemos énfasis en nuestras empresas, operaciones, aventuras o cualquier otra actividad no debemos de olvidarnos de nuestra pedagogía: pedagogía de la experiencia. Es decir, cuando la simple actividad en sí no es una experiencia, sino que se transformará en experiencia cuando les ayudamos en su proceso de interiorización de todo lo vivido y experimentado, trabajo en equipo, solidaridad, resolución de conflictos…

Los monitores, dicho desde lo más básico,  somos personas generadoras de experiencias en nuestros chavales. Tenemos claro que, cuando llevamos a cabo una serie de actividades, los chavales tienen experiencias más o menos significativas. A veces, de forma consciente y, a veces, de forma inconsciente, y ahí se encuentra nuestro papel como personas que acompañamos en esas vivencias, que ayudan en el proceso educativo de los chavales.

Claro que habrá actividades que se pueden convertir en experiencias sin ayuda de nadie pero, cuando esto no es así, la figura del monitor adquiere mayor importancia. ¿A alguien le suena ARA? ¡Pues manos a la obra!

Partekatu!