Tras dos años de espera Eskubeltz se va de convivencias

Después de dos años, después -o en medio- de una pandemia, con mascarillas, test de antígenos, mucho gel y sobre todo distancia, tanto física como mental. Después de mucho esfuerzo, mucha ilusión y muchos deseos pedidos a la almohada, Eskubeltz se ha vuelto a juntar en una misma casa durante todo un fin de semana. Las convivencias de diciembre han vuelto y, con suerte, para quedarse. Todas las ramas y monitoras de Eskubeltz pasaron el pasado fin de semana, último de noviembre, en Orduña, hogar del que tantas vivencias tienen tantas personas.

El viernes, las koskorrak subieron al tren en Algorta y se embarcaron en lo que serían sus primeras convivencias. Conocieron el viernes a Baloo. Pista por pista y después de una larga vuelta por la casa, se lo encontraron durmiendo en la cocina. Allí comenzaron las kos su aventura de ‘El Libro de la Selva’. Al día siguiente, intentaron entrar en La Selva con Baloo pero se encontraron con Raksha y Akela, jefes de la manada y defensores de todos los animales. Les invitaron a crear un tótem que les defendiera de la maldad de la selva y, esa misma noche, les dividieron por seisenas y les dieron la bienvenida a la manada de lobos en una velada que quedará en su recuerdo.

Los kos en su velada del viernes con Akela y Raksha.

Kaskondoak, la rama siguiente, se topó el viernes con el Señor Cuervo. Cada chaval, en su aventura de Juego de Tronos, recibió una invitación para un banquete en ‘Invernalia’. Allí, sin que nadie lo esperara, la jefatura de cada una de las cuatro casas que conforman Poniente se juntaron para unir sus fuerzas y defenderse de la oscuridad que traen consigo los caminantes blancos. Así, a la mañana siguiente, los y las kaskondoak se adentraron en el bosque en busca de algún punto oscuro y con el ánimo de conocer los lugares más emblemáticos de ‘Invernalia’, un concejo que fue acompañado por la nevada del viernes por la noche que tiñó los bosques y cimas más altas de blanco. Por la noche, consiguieron expulsar de la casa a un caminante blanco que se había infiltrado en ella gracias a un ‘scape room’.

Oinarinak tuvo también una salida durante la mañana del sábado. Eso sí, como los mayores, se toparon con una buena nevada que cubría con un manto blanco el camino. Después de esta, las lentejas que prepararon los gurasoak -que cocinaron el fin de semana para toda la chavalería- no pudieron entrar mejor. Tras la merienda, la rama se adentró de lleno en el concurso ‘Masterchef Orduña’, en el que, con la presión de los jueces allí presentes, tuvieron que confeccionar por grupos un bizcocho y decorarlo de la forma más original que se les ocurriera. De noche, en la velada, se debatieron entre todas las opciones que tenían para su operación, de forma que pudieran concretarla para comenzar a trabajarla durante el curso.

Los kas en su banquete.

Las azkarrak prepararon entre todas una velada para el viernes. Nada mejor que buenos juegos y risas para comenzar el fin de semana. Sobre todo porque a la mañana siguiente, junto con la chavalería de trebeak, se lanzaron a conocer el Pico Fraile y el Txarlazo. Sin embargo, entre la lluvia que caía y el frío, ambas ramas se desorientaron y no consiguieron llegar hasta donde querían. Aun así, disfrutaron de una mañana que les recibió con agua y copos de nieve. Tras la salida, los azkarrak eligieron la empresa con la que querían comprometerse y que querían trabajar durante el año, y dieron paso a la velada en la que reflexionaron acerca de las redes sociales hoy en día y del uso que hacen de ellas.

La rama trebeak, por su parte, hizo la revisión de la Carta Trebeak el sábado por la tarde, haciendo también un análisis de sus fuerzas y compromiso de cara a sus últimos años de proceso. Para la velada, la chavalería de la rama preparó una serie de bloques acerca del 25N, que tuvo lugar el pasado jueves. En relación a este mismo tema, todas las ramas se juntaron el sábado después de comer para hacer una serie de dinámicas que estaban relacionadas con el Día de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, así como con el ‘Euskararen Eguna’. El domingo evaluaron el fin de semana y limpiaron la casa, dando cierre a unas convivencias que han tardado algo más de lo esperado en llegar.

Padres y madres del comité de Gurasoak cocinando en las convivencias.

Comité de Gurasoak en cocina y en la logística del fin de semana; padres y madres el viernes en la Plaza de Algorta para llevarles y el domingo para recogerles; las tres ‘amas’ que hicieron los test de antígenos; chavalería durante todo el fin de semana con ánimos y muchas ganas; el monitorado del grupo, que preparó todas las actividades de las que los pequeños y ya no tan pequeños disfrutaron. Fue gracias a todas estas personas que las convivencias salieron adelante. Sin duda, una inyección de fuerzas e ilusión que cargó las pilas de todas de cara al resto del curso.

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