De Getxo a Paiporta: el viaje de Olentzero con regalos solidarios

De Getxo a Paiporta: el viaje de Olentzero con regalos solidarios

2025-01-09 Destacado Noticias 0

A pocos días de la llegada de SS.MM. los Reyes Magos y quizás un poco fuera de fecha, Olentzero Munduan partió en dirección a Valencia, a Paiporta. En su zurrón, cientos y cientos de regalos solidarios. Eran tantos que no le cupieron encima y pidió refuerzos. Así, alrededor de cien cajas de cartón llenaron dos furgonetas.

Los juguetes se recogieron los días 18, 19 y 20 de diciembre en Getxo, en una recogida llevada a cabo por Eskubeltz Eskaut Takeda, San Nikolas Zabalik, Pertsonalde, Egizu y Sortarazi, cinco entidades sociales del pueblo, con el apoyo completo del ayuntamiento. La recogida tuvo su réplica en Arrigorriaga. Allí, Kilimusi Eskaut Taldea abrió los brazos a lo que vecinas y vecinos quisieran donar. Al volante de la furgoneta, tres jóvenes de Eskubeltz, Kilimusi y Txispeleta, de Mungia.

El viernes, 3 de enero, los tres jóvenes y Olentzero alcanzaron durante la tarde la provincia valenciana. Conscientes del destrozo, visible aun habiendo pasado dos meses, se dirigieron al almacén de Paiporta, el centro logístico para la distribución de voluntariado en el pueblo y en el mismo centro, de bienes como comida, productos de limpieza, limpieza personal y otros tantos. También de juguetes. Allí esperaban descargar las furgonetas, pero un fallo en el generador auxiliar que alimentaba aquella nave industrial al límite de sus capacidades, dos meses después, jugaba una mala pasada al voluntariado que llevaba horas sin luz. Volverían al día siguiente.

Imagen de un vehículo en Paiporta.

De camino al hotel en la oscuridad de la noche, con apenas farolas, distinguían desde las dos furgonetas edificios quebrados, vías de tren desplazadas, coches apilados y un suelo que, por más y más que se limpiaba, permanecía marrón, polvoriento. Como una calle en obras, solo que esta había estado hundida bajo el lodo durante días.

Sábado, comenzaba la misión. Descargar juguetes en el almacén y dirigirse al pueblo a hablar con la gente, a escuchar, a tratar de animar a los más pequeños aunque fuera durante unas horas. Al mediodía, después de haber sido recibido Olentzero Munduan por los Reyes Magos, llegaron a las calles de Paiporta, a plena luz de un día bajo un cielo azul. La mitad de los juguetes ya descansaban en el almacén a la espera de la cabalgata al día siguiente. La otra mitad la repartirían en el pueblo, directamente a la gente que lo necesitara.

Los Reyes Magos reciben a Olentzero Munduan en Paiporta.

Por las calles la gente circulaba con aparente normalidad. Coches de un lado para otro, gente andando… aunque con leves diferencias. A cada pocas esquinas, colas de personas esperaban a recibir un plato de comida caliente o un champú con el que lavarse en casa. En las esquinas que no había cola, había coches o camiones militares o de la Guardia Civil. A su alrededor, soldados y policías con escobas, excavadoras o montacargas movían kilos y kilos de barro y limpiaban el suelo.

No faltaban en las calles del pueblo guirnaldas con estrellas hechas a mano. En cada una de ellas, de colores diferentes, un mensaje único, a mano: “Feliz Navidad”, “gracias”, “Merry Christmas”, “Bon Nadal”, “Força Paiporta”, corazones, o mensajes de despedida. Muchas daban fuerzas y ánimos, otras lamentaban haber dejado atrás a gente cercana. A día de hoy, 45 cuerpos han sido hallados en Paiporta.

Algunas otras de las guirnaldas colgaban de puertas o balcones. Por la calle, al mirarlas, la gente lo contaba sin reparo, con pena: “Allí había un matrimonio de personas mayores agarrándose, se las llevó el agua…”, lloró lamentándose.

Por el camino en busca de gente, de una plaza o de una calle concurrida, desde las furgonetas blancas se veían fachadas marrones, bajos destrozados, locales sin puertas, edificios sin paredes, garajes con los coches a plena vista, sin pared… En la persiana de un local, doblada, alguien había escrito “anim”. Otro local, esquina entre dos calles pero sin ninguna de sus dos puertas, estaba prácticamente vacío. Entre la limpieza que habían conseguido, miraba hacia el exterior un sillón vacío. Detrás de él, visible la marca de la altura que alcanzó el agua. Más de dos metros, por lo menos.

Un local arrasado por las inundaciones.

Al fin llegó el momento. Decenas de personas se agolpaban para coger algún juguete con el que reponer lo perdido durante las inundaciones. Mientras se acercaban, hablaban y contaban su historia. Una mujer lloraba angustiada: “Tengo a mi nieto de 20 años en el hospital. Los médicos dicen que va para largo, el agua lo arrastró hasta la plaza -lejos- y allí consiguió agarrarse a una columna dentro de un edificio”. Tras el abrazo, siguió: “Las heridas están fuera, pero también dentro. Tiene pensamientos raros, está diferente”.

Otra vecina de la calle recuerda cómo veía el agua desde el balcón de su casa. Vive en un bajo con dos plantas, baja y primera. Consiguieron salvarse ella y su marido, víctima de un ictus hace menos de un año. A los pies de su balcón, corría un río de más de dos metros de profundidad por el que bajaban arrastrados bancos, coches… Todo lo que hubiera a su paso, por una calle peatonal a unos 300 metros del barranco.

Olentzero Munduan se sienta a hablar con una vecina de una de las calles que se inundó en Paiporta. Perdió la planta baja de su casa al completo.

Otras muchas personas agradecían que tanta gente hubiera sido solidaria con el pueblo, que hubieran enviado tantos juguetes, más allá de los que portaba Olentzero Munduan. La furgoneta, por cierto, se vació en cuestión de horas. Pero seguía llegando gente: “Yo trabajaba en un bar, en hostelería. Ya no está. No tengo trabajo, he perdido mi casa, vivo en el almacén junto con los voluntarios y ayudo en lo que puedo”, contaba otra mujer, a la vista cansada pero con esperanza y algo de alegría y desparpajo para esconder su pena.

La subsistencia es algo de lo que no se habla mucho en  Paiporta. Cada uno vive como puede. En el almacén hay voluntariado que lleva allí dos meses, “de ese tema no se habla”. Cada uno como puede. La mujer que lo perdió todo, cuenta que “a veces” le sale alguna casa para limpiar. Entre eso y que el ayuntamiento les proporciona comida que cocinan, va “tirando”.

Vecinas y vecinos de Paiporta cogiendo juguetes.

En el centro del pueblo, en el barranco, un árbol sobrevivió a la riada. Sigue en pie, vivo. El pueblo le ha puesto luces de navidad, bolas, adornos, cartas y una bandera de la Comunidad Valenciana. El árbol de la resistencia. Hoy ese árbol cuenta también con un zapi getxotarra, que quiere llevar allí el apoyo del pueblo que se volcó y donó cientos de juguetes. En la orilla, más guirnaldas animan a quienes allí viven y quienes llegan a ayudar y, claro, recuerdan a quienes se fueron. Recuerdan lo que ocurrió hace poco más de dos meses.

Si quieres ver más imágenes del viaje, pincha en este enlace 

Olentzero Munduan debajo del árbol que sobrevivió a la riada.

 

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