Punto y final a un proceso de diez años

Punto y final a un proceso de diez años

2025-09-10 Destacado Noticias Ramas Trebeak 0

Los y las trebeak empezaron el campamento haciendo un campo de trabajo de manera individual o en grupos pequeños y así, poder llevar a cabo un servicio como última experiencia de proyecto en Eskubeltz. Una puesta en práctica o, más bien, el último peldaño en su desarrollo personal como chavalería del grupo. Algunas de ellas fueron a Algeciras, donde impartieron clases de castellano a personas migrantes. También participaron en colonias de verano dirigidas a niños y niñas cuyas familias tienen pocos recursos.

Otros de ellos, se dedicaron a hacer voluntariado en un comedor social. Relacionado con esto, también pudieron vivir la experiencia de cocinar en un hogar donde viven, refugiadas, personas que han huido de sus países (o que han sido expulsadas de ellos) por defender los Derechos Humanos y causas sociales. Todo este trabajo sin dejar de lado el foco en uno mismo y, más que centrarse en la experiencia en sí, centrarse en su labor como agentes sociales, como persoans que contribuyen a un fin último, que no es más que el desarrollo social y la colaboración para construir un mundo mejor.

Una vez finalizaron sus respectivos campos de trabajo, la rama entera se juntó para partir a Taizé. Allí les esperaba una experiencia de Fe que compartirían con cristianos de otras partes del mundo, no solo católicos. Allí, formaron parte también de la vida diaria del campamento como voluntarias con distintas labores, contribuyendo a mantenerlo. También pudieron reflexionar sobre distintos pasajes bíblibos, analizar su aplicación en el día a día y, también, debatir y reflexionar sobre los mismos junto con jóvenes cristianos de distintos países de europa. Esta parte es enriquecedora, pues permite escubrir cómo viven la fe en otros lugares y aprender de ello. Además, tuvieron la oportunidad de escuchar el testimonio de algunos hermanos, los monjes que viven en Taizé, que les contaron cómo surgió esa hermandad, su evolución a un entorno pastoral y de acogida donde el encuentro y compartir son la base, cómo viven y cómo llegaron ellos allí.

La rama Trebeak durante el campamento.

Finalmente pasaron una semana en campamento, donde nada más llegar conectaron con el koskorrita de su interior, aquel que pisó un campamento por primera vez hace diez años. Recorrieron todas sus etapas en el grupo y disfrutaron mucho de los días que les quedaban. Revivieron todos aquellos años, volvieron a jugar como cuando eran Koskorrak y Kaskondoak, recordaron la operación de Oinarinak y la empresa de Azkarrak hasta llegar a su última etapa, Trebeak. Aunque también hubo tiempo para reflexionar sobre cómo querían que fuera su vida a partir de ese momento, pasar tiempo con otras ramas y, cómo no, reflexionar un poco más.

Para cuando se quisieron dar cuenta ya había llegado la última noche, aquella velada en la que dejaron de ser trebeak, dejaron de ser chavales. Un baño de realidad que, además, fue literal, puesto que acabaron en el río empapadas y empapados junto al monitorado del grupo. Con el pelo mojado y algo de frío, compartieron con el grupo lo que había significado para ellos todo el proceso, el grupo, los aprendizajes… Al día siguiente, se comprometieron a no dejar estos años en el olvido y, cada uno, de forma individual, a llevar el escultismo a su día a día.

 

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